
Expandir una empresa al extranjero suele percibirse como un salto al vacío: la oportunidad de acceder a mercados más amplios viene acompañada de costos legales, incertidumbre operativa y barreras bancarias. En América Latina, este dilema se intensifica por factores como la inestabilidad política y los costos asociados al crimen organizado, que empujan a muchos empresarios a buscar alternativas para resguardar su patrimonio. En ese contexto, el nearshoring se ha consolidado como una vía para combinar talento regional con demanda internacional, particularmente en Estados Unidos, con el objetivo de diversificar ingresos y reducir riesgos.
Una propuesta que aparece en documentos recientes es el llamado LATAM Lift, descrito como un “gimnasio” empresarial. La metáfora sugiere un espacio de entrenamiento controlado para “probar músculo” sin asumir, desde el primer día, toda la carga legal y fiscal de operar en un nuevo país. En la práctica, esto equivale a un mecanismo progresivo: antes de crear una entidad propia, las empresas pueden validar su oferta, ajustar operaciones y evaluar tracción comercial. Lo relevante aquí no es solo facturar en otra moneda, sino avanzar hacia la protección de activos y la construcción de un legado más resiliente ante la volatilidad local.
El componente operativo clave es una incubadora legal que funciona como “puente”: LATAM Leith Bridge Outsources LLC. Bajo este paraguas, las empresas pueden emitir facturas a clientes en Estados Unidos y acceder a infraestructura bancaria para recibir pagos en dólares, mientras aprovechan equipos y talento latinoamericano. El principal beneficio es la reducción del desembolso inicial en abogados, contadores y trámites, que a menudo constituye una barrera prohibitiva. Se trata de una presencia comercial real, con mayor formalidad y trazabilidad, pero apoyada en una estructura existente que mitiga riesgos y costes en la fase temprana.
Un matiz importante es el manejo del tiempo. Aunque circula la idea de que este “gimnasio” opera como una prueba rígida de 90 días, los documentos revisados no establecen un plazo forzoso. La ausencia de un reloj de arena permite madurar el proyecto al ritmo de la evidencia: cuando el flujo de clientes, los márgenes y la operación justifican el paso, la empresa puede entonces crear su propia LLC en Estados Unidos con más certezas. Este enfoque reduce la probabilidad de errores costosos y alinea la formalización definitiva con una base operativa y financiera ya validada.
Más allá del mecanismo, subyace una cuestión de mayor alcance: si más empresas latinoamericanas operan hacia el mercado estadounidense para blindar su patrimonio, ¿cómo impacta esto a mediano y largo plazo en las economías de origen? Por un lado, el nearshoring puede dinamizar el empleo local y elevar estándares de gestión; por otro, la creciente protección de activos fuera del país plantea interrogantes sobre recaudación, inversión doméstica y desarrollo de ecosistemas empresariales. El equilibrio entre internacionalización responsable y fortalecimiento local será, probablemente, el tema decisivo en la próxima etapa de maduración del modelo.